EL TABACO MATA, HAY AMORES QUE TAMBIÉN 

Hoy me desperté con el corazón roto.

Otra vez,
un día más.

Prendo un cigarro y observo el humo como se difumina tras el haz de luz que entra por la ventana.

Un día más de mirada helada,
clavada en aquellos recuerdos que no se van.
Me siento exhausto ¿qué fue lo que pasó?
Nada claro,
no me aclaro,
es tan raro.
Y aquí estoy
otra vez
pasmado,
pensando en cuan capaz soy de hacer de mi un ser desgraciado.

¿En qué he fallado?

No importa, así es la vida -me contesto-.
Un cigarro más, que contamina un corazón enfermo, roto.

Cobra sentido aquello que muchos otros escribieron. Que el hielo que invade mi pecho es más real de lo que jamás negué a imaginar.
Después te da cancer, y es que no aprendo.
Sabiendo lo mal que me sienta fumar,
y no es suficiente escarmiento.

Y es que no sé porqué fumo si se lo mal que me sienta.

 

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OJOS VERDES

Ojos verdes.

Ojos verdes que hablan con la misma intensidad
cual tus pupilas se dilatan para poder enfocar
mis labios.

Ojos verdes

que me atrapan a descubrir la profundidad de tus pensamientos.

Ojos verdes,

que en mirarlos cautivan los míos,
no más allá de no saber por qué,

no

poder

dejar de mirarlos.

 

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