LA IRA DEL BORRACHO

 

Te veo, y veo.

Me doy cuenta una vez más,

que siempre llego tarde.

No pasa nada -me digo- con la impropia libertad

del consuelo de un idiota.

No me queda más por pronunciar,

al menos una victoria me hice lograr.

 

Te he escrito un poema:

No me creo

capaz de nada, ni un deseo.

No comprendo,

¿cómo puedo?

Tanta gente y tanto celo,

si estamos solos,

no nos vemos.

Flashes de luz incómodos,

rostros inútiles como palabras nacidas

para complacer a los útiles.

Y tú.

Como si se hubiese parado la luz en ti,

la música.

El mundo.

Sólo tú.

 

Y rodeado de imbéciles que creen vivir

en la galáctica del Hollywood basurero,

me infierno en tus labios tan tiernos,

que no probaré

jamás.

 

Una faz de gente, una faz de luz.

Y yo.

Mirándote como si no hubiese fin,

estático, inútil.

Como un palimpsesto de carne y hueso,

esperando a que alguien tirase de su piel

para renacer una vez más.

Esa vez que no va a ser.

Que sabes,

que no

es.

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Barcelona.
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