LA BELLEZA ES ALGO MÁS

La quería tanto que disfrutaba con sólo mirarla.

Tan libre. Tan bella.

Era tan hermosa, que tenías que pararte a observar su mundo. La forma en cómo se tocaba el pelo, cuando en un silencio solamente roto por un suspiro, se quedaba pensando en el universo de sus cosas.

En la habitación, una fina niebla era cortada por los puros rayos de luz que atravesaban la ventana, y que terminaban por acariciar su suave piel blanca. Pura seda.

Esa comisura única, que sorprendía en las muecas o al sonreír.

Esa alegría impropia de un adulto, que recordaba a la niñez y que había decidido quedarse con ella por siempre.

Esa parcial inocencia.

Esa picardía…

La armonía de sus rasgos, la melodía de su voz.

Era con solo mirarla y disfrutar.

Querer acariciar su mejilla con la parte externa de mis dedos, y dejarlos caer sobre sus hombros para sentir su aliento al respirar.

Perfume.

Al acercarte a besarla. Perfume.

Era única. Era ella.

Como la vida misma,

la que ella misma, convertía en

Bella.

 

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Lu, Madrid.

 

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LA IRA DEL BORRACHO

 

Te veo, y veo.

Me doy cuenta una vez más,

que siempre llego tarde.

No pasa nada -me digo- con la impropia libertad

del consuelo de un idiota.

No me queda más por pronunciar,

al menos una victoria me hice lograr.

 

Te he escrito un poema:

No me creo

capaz de nada, ni un deseo.

No comprendo,

¿cómo puedo?

Tanta gente y tanto celo,

si estamos solos,

no nos vemos.

Flashes de luz incómodos,

rostros inútiles como palabras nacidas

para complacer a los útiles.

Y tú.

Como si se hubiese parado la luz en ti,

la música.

El mundo.

Sólo tú.

 

Y rodeado de imbéciles que creen vivir

en la galáctica del Hollywood basurero,

me infierno en tus labios tan tiernos,

que no probaré

jamás.

 

Una faz de gente, una faz de luz.

Y yo.

Mirándote como si no hubiese fin,

estático, inútil.

Como un palimpsesto de carne y hueso,

esperando a que alguien tirase de su piel

para renacer una vez más.

Esa vez que no va a ser.

Que sabes,

que no

es.

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Barcelona.

CON DESEAR NO BASTA

Te admiré por mucho tiempo, esperando a que todas las piezas volvieran a su sitio, como por arte de magia.

Esperé tanto, que cuando llegué, -cuando le eché un par- a mi pesar llegué tarde una vez más. <<Cómo iba alguien a querer un juguete roto>>  pensé.

Cómo algo que estaba roto iba a ser capaz de regalarte el tiempo, cuando ni siquiera era dueño del momento.

Cuando llegué,

tus ojos brillaban ya en otra dirección, y tuve que conformarme con haberlo intentado.

Con haberlo inventado. Al fin y al cabo…

Llegué tarde una vez más, como buen procrastinador. Con la misma ilusión de un niño cuando se había roto el brazo y, aparecía en la escuela deseando que la chica más guapa del colegio le firmara en la escayola.

Esa chica que hoy eras tú, y que había cambiado de escuela sin avisar.

Y yo que pensaba, como decía Murphy, que “Si no fuera por el último minuto, nada se haría”…

Siempre quedará un roto, para un descosido.

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Restaurante Gavina. Creixell