TELARAÑAS

Y de nuevo el viento volvió a mecernos,
perdernos.

Volvió para cogernos,
para acogernos.

Me refugiaba detrás de las melodías
que salían de mis cascos para no oírte,

para evitar sentirte.

Y qué jodido es
pensar que es,

lo que no es.

Finas telarañas empañaron mis ojos al despertar.
Te miraba,
y me frotaba con incredulidad.

De costado me buscabas de forma inconsciente
con los pies,

y yo que despertaba todavía abrumado
por el perfume tácito de tu piel.

El perfume de tu pelo sobre mi almohada
y el placer de sentirte con los pies.

La luz del televisor brillaba sobre tu piel
y no puede ser
que del reflejo de tus piernas
fuera la sombra,
que me dejara padeciendo por tan dulce miel.

Y no puede ser.

Qué imbécil, otra vez.

Otra vez.

Soy idiota, lo sé.

Un nudo en la garganta se me repitió otra vez,
qué estupidez, lo sé.

Pero es que uno no aprende si no es con una y otra vez.

Y qué jodido es
pensar que es,

lo que no es.

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