SIEMPRE AMANECE

¿Dónde estás?

No puedo verte, pero en cambio si logro sentirte.

¿Dónde estás?

Hace tiempo te ando buscando, pero no te encuentro.

– Ha pasado tiempo. Todo bien, un momento. Me hablaban los miedos, ya está. Casi que ya no los escucho. Paso.

Es mejor así, ¿no crees? – Continúa, dices tras el último traspiés.

¿Te has fijado en la forma en cómo anochece? Quiero decir, ¿has visto cómo se pone el sol bajo tus pies?

Despeiname un poco, se me ocurre. Despeiname con tus sueños, y visteme a besos.

Despeiname con tus verdades como puños, y regalame algo bello. Tu sonrisa, por ejemplo.

– ¿Qué te dicen tus miedos?

Que todavía hay sitio para más cicatrices.

– No pretendo ser tu héroe, pero, ¿recuerdas cuando grabábamos nuestros nombres en la corteza de los árboles?

Pues esta debe ser la única cicatriz que quiero para ti.

No he venido a salvarte. – No necesito salvación. Con encontrarme ya es bastante. Sé tú mi perdición.

Tu pelo.

– Dame la mano, déjame acompañarte.

 

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ENTRE LÍNEAS

Esque, joder, ¿cómo te lo digo? cómo te digo que eres tan bonita, que serías capaz de sentarme de un suspiro. Y que de éste, saldrían estas letras que te escriben (te describen).

Cómo decirte, que después de un tiempo gris, tus ojos guíen estos dedos por este teclado, y que por un momento, tiemblen al pensar que fueran guiados por las suaves líneas de tu cuerpo. Tú mi guía, para ponerle calor a este día. Para repasar amablemente cada rincón desconocido de tu piel. Y conocerte sin tener, que morir en cada amanecer.

Y es que no te imaginas lo guapa que estás, haciéndote esa coleta, clip en mano, manos arriba. Mordiéndote el labio…

Qué igual no me atrevo, por ser verdad o por miedo. Pero aquí lo reservo, en especial, para ti.

Con los auriculares puestos, en la parte trasera del coche. Mirando por la ventana caer la lluvia, te invento defectos. Igual ya le temo al invierno, pero por primera vez he comprendido, que ya no importa lo que esta voz diga de ti.

Y encontrarte distraída, mirando tu Ipod en medio de un cruce, paraguas en mano. Tan linda. Me atrevo a recordar, mi lengua adentrándose en tu paladar. Recorrerte con mis dedos, de los pies hasta el ombligo, y parar. Parar a darte un mordisco. Mirarte, tan bella, sonrisa de pillo. Qué suerte poder mirarte, con esa luz tan fina que te envuelve por detrás, que te hace de aura. Que te convierte en algo divino.

Y esque, joder. ¿Cómo te lo digo?

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Sakoka balese (shanghainés: Puente malo) Shanghai. 2010

 

TELARAÑAS

Y de nuevo el viento volvió a mecernos. A perdernos. Volvió para cogernos. Para acogernos.

Me refugiaba detrás de las melodías, que salían de mis cascos para no oírte. Para evitar sentirte.

Y qué jodido es, pensar que es, lo que no es.

Finas telarañas empañaron mis ojos al despertar. Te miraba, y me frotaba con incredulidad. De costado me buscabas de forma inconsciente, con los pies, y yo que despertaba todavía abrumado, por el perfume tácito de tu piel. El perfume de tu pelo sobre mi almohada y el placer de sentirte con los pies.

La luz del televisor brillaba sobre tu piel. Y no puede ser, que del reflejo de tus piernas, fuera la sombra, que me dejara padeciendo por tan dulce miel. Y no puede ser. Qué imbécil, otra vez.

Otra vez…

Soy idiota, lo se.

Un nudo en la garganta se me repitió otra vez. Qué estupidez, lo se.

Pero es que uno no aprende si no es con una y otra vez.

Y qué jodido es, pensar que es, lo que no es.

 

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