ENTRE RISAS Y PRISAS

Porque te cogí de la mano con la fuerza de los vientos, pisando fuerte, dejando en la arena, marcadas, las huellas del impulso que cogieron nuestras almas. Para correr con el brillo de tus ojos bajo el sol, bañados por las risas, llenas de prisas por caer contigo y morir de amor.

Y joder como se te veía con el sol por la espalda. Parecías algo divino. Tu pelo, que parecía oro, se fundía en un cálido paisaje con el mar a tus espaldas. Qué bonito era verte servir esas mesas.

Que bonito era verte.

Y qué rabia me da no poder dirigirte muchas más palabras que un; -gracias, o una sonrisa cabizbaja. Que lo único que me atreva sea a contestar a tus preguntas, y a sentirme feliz por ello.

Y que de vez en cuando saco agallas para mirarte fijamente. Pero torpe de mí, cuando me pillas, que me rompo en mil pedazos.

Pero, torpe de mí, que confundo risas con prisas.

 

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Bar Mónaco. Calafell.

EL ATARDECER DE TUS MIRADAS

Un incendio en tu mirada, que hablaba de las hazañas. Historias viejas de niñas malas. De poesías, de copas vacías. De versos en mi oída, susurros de miel que provocaban constantemente a mi piel.
¿Qué es poesía? se preguntaba mi melancolía. Quizá lo era esa sonrisa, dueña de todas las brisas, que sin viento me acarician. Quizá eran tus urgentes noticias, o igual la forma en que criticabas mi camisa.
¿Qué era esa poesía? Quizá la puesta de sol reflejada en tus ojos, esos mismos que se comían el mundo a trozos. Bocados de lugares, historias y viajes. Bocados varios, felices. Bocados de vida.
Probablemente todas esas situaciones y lugares que sumaban nuestra historia.
Quizá era el hecho de las pretensiones bucólicas que alimentaban las palabras que salían de tu boca.
Quizá era el hecho, sencillamente, de imaginarte sin ropa.

 

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